
Reflexiones entorno a la juventud la globalización y el cambio cultural
Por: Paul Antonio Cordoba Mendoza.
El actual modelo económico, social y cultural conocido como globalización, no solo le abrió paso a una sociedad dominada por la competencia y la volatilidad de los mercados. Esta sociedad global, también puede visibilizarse en los cambios radicales que en los últimos años ha tenido la cultura. Cambios observados sobre todo, con la difusión de nuevas tecnologías informáticas y comunicacionales, mismas que han servido no solo para aminorar las distancias. Ellas también, han sido utilizadas para poner al alcance de todos (as), productos culturales y simbólicos, provenientes de todas las esferas del mundo.
Esta tendencia actual globalizadora, no solo se ha encargado de integrar mercados, sino también a las personas. Con ello se promueve un proceso de “homogenización cultural” por el cual se están uniformando, a través de los medios de comunicación de masas y de la creciente influencia que ha adoptado el ciberespacio, estilos de vida reflejados en el vestido, la dieta, el entretenimiento, el simbolismo, la música, etc.
Lo anteriormente planteado, permite reflexionar sobre como estos cambios en el ámbito cultural, han influido radicalmente en el ámbito de los estudios culturales. Muchos especialistas deben abandonar viejos modelos de explicación, enraizados en interpretaciones, que ponen en el centro del debate, elementos de “purismo cultural” a lo local/nacional, étnico, de clase, etc. y buscarlo sobre todo en la gran influencia que ha tenido lo global sobre lo nacional.
Estas antiguas concepciones académicas y no tan académicas, se olvidan muchas veces, que la globalización ha tenido un fuerte impacto en la cultura de los pueblos y ha homogenizado gustos antes diversos.
A la luz de lo planteado anteriormente, esto lleva a preguntarse ¿Cuál ha sido el impacto e influencia que ha tenido la globalización, en el cambio de comportamiento (cultura de vida), de los jóvenes?
Juventud, globalización y cambio cultura
Al describir la categoría juventud se debe hacer referencia a que la misma describe a un concepto socialmente construido. Por ello, se debe destacar que la juventud ha sido definida y redefinida en el ámbito de las ciencias sociales desde aproximaciones, demográficas, sociales, psicológicas, y culturales. Aunque tradicionalmente el concepto de juventud en diferentes estudios científicos, se halla hecho observable, mediante el abordaje a través de grupos de edad, es decir, biológicamente.
Se debe destacar, que el problema de la clasificación por edad, es que omite analizar más detalladamente, condiciones de contexto social, histórico y cultural. Y aún más que, como todo grupo de edad es una construcción social e histórica, porque su significado, desarrollo, forma, contenido y duración dependen del orden económico, social, cultural y político de cada sociedad, de su localización histórica y del modo en que cada grupo es construido en una sociedad. (Soutu, 2007:11).
El concepto de juventud como se conoce hoy en la modernidad, difiere del anteriormente usado, toda vez que desde el Antiguo Régimen (Grecia y Roma) se pueden rastrear la existencia de grupos jóvenes, por consideraciones de edad. Destacando que su papel en la sociedad y en la política —y la percepción de su importancia por diferentes instancias sociales y políticas, como gobiernos, partidos políticos, sindicatos o confesiones religiosas— no tenían nada que ver con los que alcanzarían con la modernización. (Soutu, 2007:12).
Para muchos investigadores de este ámbito o “juvenólogos” el concepto de juventud, nace como resultado del reordenamiento productivo que experimenta Occidente a finales del siglo XIX. (Balardini, 2000; Margulis, 1998; Bendit, 1998; Ramírez, 1985). Por ello, es con la Revolución Industrial y el establecimiento del sistema de producción capitalista, que se generó una nueva organización del trabajo que exigió la preparación de los individuos para su integración efectiva a la vida productiva y social. La juventud, fue la respuesta a estas nuevas exigencias, aunque su reconocimiento generalizado se dió varias décadas después de iniciado el siglo XX (Balardini, 2000).
Por ello, se destaca que la concepción de joven como grupo social definido y con características propias, en su definición actual, se desarrolló en Europa entre finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX.
Ahora bien, la juventud definida, desde el ámbito de la sociología, puede verse como una etapa de “Moratoria Social” la cual hace referencia a considerar que un joven, debe pensársele en función de una persona en preparación, para asumir los roles de adulto (casarse y tener hijos, trabajar etc.). Entonces “juventud seria el lapso que media entre la madurez física y la madurez social” (Margulis, 1998:3).
De lo anterior se desprende entonces, que el problema que abarca la categoría denominada, madurez social es que la misma continua siendo muy heterogénea, toda vez que en la sociedad, se refleja una variedad de tipos diferentes de madurez social, ya sea por clase o por cultura. No es lo mismo tener un tipo de madurez y encontrarse en el estrato social bajo, o en el estrato alto. Entre los sectores populares se ingresa temprano al mundo del trabajo, cuando las condiciones del mercado laboral lo hacen posible. También es frecuente formar un hogar y comenzar a tener hijos, apenas terminada la adolescencia, cuando no, como en el caso de muchas mujeres, durante el curso de la misma. En cambio entre los sectores de clase media y alta, es habitual que cursen estudios –cada vez mas prolongados-- y que este se postergue. ((Margulis, 1998:4).
Autores como Jesús Martin Barbero, plantean que si hay algo de nuevo en lo que se denomina como categoría juventud, este debe “primero aceptar la posibilidad de fenómenos trans-clasista y trans-nacionales, que a su vez son experimentados siempre en modalidades y modulaciones que introduce la división social y la diferencia cultural” (Martin Barbero, 98:25). Con ello este autor manifiesta que se debe tener cuidado en no caer en la trampa que representa el pensar dicho concepto dentro de una diversidad social de juventud pasada por la clase, etnia o regiones.
Todo lo anterior, pone de manifiesto como dentro del ámbito de las ciencias sociales y de las investigaciones que de ella se han derivado en cuanto a la categoría de juventud, la forma en que esta ha sido definida siempre, de un modo muy heterogéneo y disímil. Ello ha llevando, a que diversos especialistas en la materia utilicen características diferentes para hacer este hecho observable en la realidad.
Ahora bien, a la luz de los estudios culturales, se puede decir que, la juventud ha adoptado diversas formas de comportamiento y estilos de vida muy diversos los cuales han sido influenciados por el actual proceso de globalización.
La globalización de la economía ha traído como una de sus consecuencias la homogenización de la cultura y, los jóvenes como categoría socialmente construida, han sido los más rápidos receptores de este cambio. Donde el des-orden cultural que hoy cataliza a la juventud, y el de la inversión de sentido el mercado parece ser el único en saber aprovechar para hegemonizar la construcción imaginaria de lo joven.
Nunca como hoy la juventud ha sido identificada con la permanente novedad. Y es en esa identificación donde el mercado trabaja. Mediante una doble operación: de un lado, la juventud es convertida en sujeto de consumo, incorporándola como un actor clave del consumo de ropa, de música, de refresco, de parafernalia tecnológica. Y de otro, ello se produce mediante una gigantesca y sofisticada estrategia publicitaria, que transforma las nuevas sensibilidades en materia prima de sus experimentaciones narrativas y audiovisuales. (Martin Barbero, 1998:31).
Este cambio se da en los jóvenes, toda vez que han sido ellos, en la actual etapa de globalización los que se han visto mayormente involucrados en la “ideología del consumismo”. Para Mario Roberto Morales (1998), “el consumo es el mecanismo por medio del cual el mercado perpetua su dinámica productiva y el consumismo, al surgir de la conversión de la actividad de consumir en un valor se constituye en su ideología. Es en este espacio ideológico en el que se articulan las identidades hibridas y negociables de amplios sectores populares. (Morales, 1998:298).
Los jóvenes producto de esa ideología consumista que ha provocado un cambio cultural, pueden estando en lugares muy distantes, escuchar la misma música, elegir entre discotecas, funk, trash, hip-hop, rai, andina o tropical y pueden vestirse con el mismo tipo de ropa, en todas sus variedades mundialmente difundidas. (Kigman & Salman, 2003:285). Ellos también, pueden reunirse en pares de pertenencia, aunque estén geográficamente distantes, toda vez que, los “pares de estilos” se encuentran en todas partes y las identidades colectivas se han internacionalizado. (Martin Barbero, 2003).
Muchos jóvenes también pertenecen a las mismas redes sociales o logran conocerse por medio del llamado “espacio-virtual” llámese, Facebook, Hi5, Sónico, entre otras. Es ahí, donde también se puede buscar en la vida cotidiana de los jóvenes (local), elementos de influencia (global).
“Entonces, nos encontramos frente a un fenómeno de distancia socio-cultural generacional que se mitiga a través de lazos comunicacionales virtuales, es decir, la comunicación real, cara a cara es reemplazada por comunicación a distancia remota, a través de redes virtuales o del ejercicio del rol de espectador”. (Sandoval, 2002:6).
En cuanto a lo anteriormente expresado, se puede aunar que los estilos de vida cultural de jóvenes de las grandes urbes, tal es el caso de: New York, Washington, Londres y Paris, muchas veces puede ser muy idénticos a los de pequeñas metrópolis como: Panamá, San José, Tegucigalpa, Guatemala, y en el Caribe Jamaica, independientemente de cuales sean sus lógicas culturales interiorizadas. Por ello, se puede apreciar estilos culturales “rasta” jamaiquinos y los estilos de vida que ello conlleva, (vestimenta, gastronomía, música, etc.) en Paris y New York. También, los estilos culturales del rap y del hip-hop, de New York en Panamá y Tegucigalpa. O el estilo “emo” originario de Washington, pude encontrarse en San José y Guatemala.
A lo anterior se le suma que los jóvenes por las dinámicas sociales en las que se envuelven, son los que más participan y consumen “eventos” tanto de carácter musical y deportivos muy televisados por los medios locales, como por las empresas de televisión por cable.
En la música y el baile se destacan programas destinados a participantes y consumidores juveniles tal es el caso de Latin American Idol, La academia, El gran desafío, bailando por un sueño, etc. Promocionados por grandes cadenas de radio y televisión, como Sony E, Tv azteca, MTV, entre otras. En el ámbito deportivo “ESPN mantiene a los aficionados al futbol, beisbol y otros deportes atentos a los resultados de los partidos y torneos que se escenifican lejos del hogar del televidente. (Aparicio, 2005:13). Casi seria decir que es lo mismo, ser fanático del Barcelona o del Real Madrid, de la liga de futbol de primera división en España y vivir en cualquier país centroamericano.
Se puede decir entonces, que la música y espectáculo deportivo constituyen, circuitos potentes a través de los cuales los jóvenes canalizan sus energías vitales, convirtiéndose en las válvulas de escape de mejor y mayor rendimiento emocional.
Todo esto se hace posible debido a que, la época actual de globalización de economías y mercados culturales, ha influido en el reordenamiento y privatización de los sistemas nacionales de televisión, en la expansión del numero de canales, el crecimiento de la televisión por cable, las conexiones vía satélite, el uso masivo del internet, lo cual integra, lo que antes era heterogéneo (gustos, costumbres, etc.).
En la actualidad, para muchos jóvenes el mundo que la televisión y el Internet les presenta, es un reflejo del mundo real, lo que dice la televisión y a los sitios web adquiere status de verdad y sobre todo confían en el modelo que les presenta la televisión, cuando se enfrentan a situaciones similares en la vida real. Convirtiéndose la televisión en un gigantesco factor de homogenización cultural.
“Entonces, nos encontramos frente al fenómeno de un profundo e irreversible proceso de cambio cultural, cuyo caballo de Troya son los multimedias; a través de ellos los mensajes transmitidos que no reconocen distancias y que viajan a una velocidad cada vez mayor, están vehiculizando una base de sustentación ideológica del nuevo modelo que se impone”. (Sandoval, 2002:9)
Para autores como Jesús Martin Barbero (2000), “la llave televisor/computador convierte el espacio domestico en el territorio virtual por excelencia: aquel en que más hondamente se reconfiguran las relaciones de lo privado y lo publico, esto es la superposición entre ambos espacios y el borramiento de sus fronteras (Martin Barbero, 2000:23). Lo que representa que estar en casa ya no significa apartarse y/o ausentarse del mundo. Es ahí entonces, en ese espacio, en donde el joven puede en primer lugar, apropiarse de otras culturas y otros estilos de vida. Aunque también en segundo lugar, puede ocurrir mediante las migraciones, el cine, el teatro, grupos de relaciones, etc.
Todo esto, pone en el centro del análisis que en la actualidad la juventud en la globalización vista desde la cultura, puede presentarse asociada a formas de pensamiento, sentimiento, de percibir y sentir que atraviesan las actividades de un grupo distinguiéndose de otros. Los jóvenes en la globalización, son poseedores de una mentalidad consumista, en donde esa “mentalidad consumista” muchas veces choca con una sociedad en la que los jóvenes, tienen difícil acceso y en la que cada cual busca por su cuenta los medios para integrarse, acomodarse o instalarse en el sistema.
Los jóvenes en la actual sociedad global, también viven una gran contradicción, esta se da por un amplio exceso de un “elogio verbal a la libertad”. Hoy más que nunca se tienen mayores libertades que las antes vista, prometidas, pero nunca vivida, democracia. En palabras del sociólogo alemán Ulrich Beck (2002), en su libro Hijos de la libertad, “vivimos bajo las condiciones de una democracia internalizada, para la cual mucho de los conceptos y recetas de la primera modernidad se han vuelto insuficientes” (Beck, 2002:9).
Empero, contrario a la libertad antes predicada, la juventud en la actualidad (globalización), a pesar de ser la mejor preparada en toda la historia. Ha quedado especialmente en países en desarrollo, excluida y marginada de muchas esferas sociales. Ya sea de un empleo formal, del uso de tecnología de comunicaciones, por carecer de los medios económicos para beneficiarse de ellas.
Es por ello, que en esta etapa de la historia donde, se articulan en los mercados la diferencia, una gran cantidad de jóvenes, presenta una gran incertidumbre e inseguridad, lo cual seria para Weber un “desencantamiento del mundo”. Por ello, tratan de adaptarse a modelos de vida cotidiana provenientes de lugares externos, los cuales le crean una satisfacción irreal, pero que le sirve de sustento ante estas incertidumbres.
Lo anterior nos muestra que la categoría de juventud en la globalización es muy heterogénea y diversa. Esa diversidad cultural en los jóvenes, “no puede verse solo como diferencia, o sea, algo que se define en relación a otra cosa nos remite a alguna otra cosa, toda “diferencia” es producida socialmente, es portadora de sentido simbólico, y de sentido histórico” (Ortiz, 200:49).
El fenómeno social, juventud, globalización y cambio cultural que se vive en la actualidad va sin lugar a dudas unido a un proceso más largo e imperceptible a simple vista, determinado por un proceso lento de “mutación cultural” (Guy Bajoit), o de “hibridación en tiempos de globalización (García Canclini), que se verifica en la vida cotidiana de los jóvenes, sea cual sea el espacio sociocultural que vivan en su cotidianeidad.
A manera de Conclusión
Para cerrar estas simples reflexiones entorno a la imbricada relación entre juventu globalización y cambio cultural. Se debe tomar en cuenta que lo novedoso de la juventud hoy, es que ella se ve inmersa en la actualidad en una reorganización sombría y desconcertada de los modelos de socialización que en otrora existían en la sociedad.
En nuestros días, los padres no tienen un gran peso sobre la conducta de los jóvenes, tampoco la escuela se ha convertido en el eje único y fundamental de adquisición de conocimiento, más bien, puede buscársele, en los medios de comunicación de masas cómplices del mercado y únicos ganadores, al influir en la juventud y llevarla a una ideología consumista.
Una gran parte de los jóvenes actuales son hijos de una generación que miraba hacia el futuro. Una generación que luchó por la posibilidad de transformar las estructuras sociales de dominio existentes. Por la refundación de una sociedad donde reinara la igualdad (una sociedad sin clases sociales, una sociedad socialista). Fue un sueño compartido y sufrido. Por el cual murieron muchos y fueron encarcelados otros. Y que hoy los jóvenes de la televisión por cable y del mundo virtual no comprenden.
Hoy más que ayer, los jóvenes antes de pensar en la igualdad, reflexionada y practicada por sus padres artífices de 1968, se dedican a pasear por los Malls o a “navegar” por Internet, a utilizar sus Ipod, sus mp3, sus teléfonos celulares. Son férreos luchadores de sus derechos como consumidores. Son expertos en el mundo de farándula, en las telenovelas y en el cine. Todo ello, puesto en escena por el mercado cultural, mismo que los deslumbra y seduce, ofreciéndole sus encantos y manifestándoles que si quieren estar In deben ser como los personajes de moda. Todo lo anterior hace pensar que en los momentos actuales la cultura como ninguna otra variable social se esta superponiendo a la política.
Por todo lo anterior, se hace inminentemente necesario que al hablar de juventud y cultura, esta sea vista a la luz de lo que acontece en el actual modelo económico globalizador. Ahora bien, esto no debe verse de una manera mecánica en donde, la cultura esta determinada única y exclusivamente por la estructura económica de la sociedad y de sus relaciones sociales de producción que de ella se emanan. Muy por el contrario esta (la cultura), debe verse muchas veces por sus propias particularidades y por un movimiento dialectico que no la subordine en última instancia a la economía. Es ahí donde debe verse la clave de la hibridación, de la mutación y/o del cambio cultural, por el cual atraviesa la juventud, en este mundo globalizado.
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